Par Impar

Par impar
– ¿Pero te vienes al cine o no?
– ¡Que no tengo un duro nen! – Le contesta el Gambas.
– Joder, que es la ultima del Bud Spencer…
– ¿Y? No tengo un duro.
– Pues te invito.
– La virgen, que pesao… Además, he quedado con mi madre para acompañarla a casa de mi tía ¡Vete solo!
– Joder, paso.
Chinorri sabía que significaba ir solo a ver una película al cine Mar, cambiarse mínimo tres de veces de butaca huyendo de los buitres.
Entonces el Gambas grito a alguien a sus espaldas.
– ¡Chino!
Al girarse Chinorri vio acercarse al Chino.
– ¿Qué haces Chino? – Le pregunto el Gambas.
– Nada, tocándome los huevos un poquito ¿Y vosotros pringaos?
– Yo me iba ya, pero Chinorri quería ir a ver Par Impar al Cine Mar.
– ¿La de Terence Hill? – Pregunto sonriente el Chino.
– Si, lleva media hora dándome la brasa para que le acompañe ¡hasta me invitaba!
– Me cago en la puta Chinorri ¿Y a mí no me vas a invitar? Yo puedo ir.
Chinorri, convidado de piedra en esta conversación, asiente en silencio.
– Venga enano ¡vamos para allá!
Cine Mar
La entrada al cine Mar, esta como siempre, vacía, nadie espera para entrar. La taquillera, que en estos años ha visto pasar cualquier espécimen desde su ventanilla, les da las dos entradas y continua leyendo su revista. Entran a la sala y el Chino se dirige con seguridad a una de las filas centrales, señala un asiento y le dice a Chinorri -Siéntate ahí, ahora vengo-. Chinorri obediente se sienta en la butaca y mira la película que ya hace un buen rato que ha comenzado, pero cada cierto tiempo, con disimulo, mira para atrás. Desde su asiento, ve a Chinorri sentarse unas filas más atrás y poco después como se llega un señor mayor que se sienta a su lado, Chinorri se gira inmediatamente y continua viendo la película. La siguiente vez que gira la cabeza, el Chino lo está mirando y le sonríe con los brazos extendidos en las butacas de al lado, Chinorri no ve al señor mayor. La siguiente vez que se atreve a mirar, el señor se está levantando de la butaca mientras le da algo al Chino, parecen billetes, este lo recoge y lo guarda en el bolsillo de su chaqueta. Al cabo de un momento, el Chino vuelve a sentarse al lado de Chinorri y continua allá hasta el final de la película.
Cuando la película acaba, el Chino sonríe a Chinorri y le dice.
– ¡Venga! Que te invito a un helado de pistacho enano.

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