La cara B

Todas las fotos han sido bonitas, llenas de paisajes espectaculares y momentos felices, pero todo viaje tiene una cara B, la vida tiene una cara B. Esta es la cara B de mi viaje.

Las botas

Justo cuando llegue a Huaraz y me preparaba para comenzar mi primer trekking en la cordillera blanca, me di cuenta de que en lugar de mis botas de montaña había metido en la mochila unos mocasines, rápidamente salí a intentar comprar unas botas, y de paso unos pantalones de montaña que tampoco llevaba, pero el problema es que los peruanos son más bajos, no tenían botas del 44 a nos ser que fueran de importación y esas costaban casi 200 €, por lo que decidí que “from the lost to the river” y me fui a hacer el trekking con mocasines. El resultado es el que veis en el avatar de mis redes sociales.

Pero aguantaron. En un viaje en el que he caminado casi 3.000 km eso ha significado que los tres pares de calzado que me lleve ahora los tenga que tirar, pero han aguantado conmigo hasta el final.

Los Perros

Ni la inseguridad, ni la delincuencia, ni los conductores locos… Mis verdaderos archienemigos durante el viaje han sido los perros. Mi primera salida de Lima fue a hacer el trekking de Santa Cruz en la cordillera blanca. El segundo día al pasar por una aldea en mitad de la nada, un perro en la puerta de una casa me comenzó a ladrar, yo hice lo que se supone que hay que hacer, no hacerle caso y continuar andando tranquilo, unos metros después sentí un bocado en la pierna y vi al perro irse corriendo, al mirar vi que me había clavado los dos colmillos.

En ese momento me agobie bastante, no sabía si el perro estaba vacunado o no, yo no me había puesto la vacuna de la rabia y la del tétanos la tenía descontrolada como siempre, estaba en el segundo día de caminata y no quería abandonar para irme a la ciudad, que estaba a casi un día de camino en coche, a vacunarme, por lo que decidí limpiar y desinfectar la herida y seguir.

Todo fue bien y no hubo infección, pero a partir de ese día comencé a tener miedo a los perros, y eso es lo peor que te puede pasar. En Perú y Colombia hay muchos perros sueltos por el campo, en Bolivia directamente hay miles de perros abandonados, y cuando tienes miedo los perros lo huelen y te ladran, y te persiguen. En Santa Rosa de Cabal, yendo a pie por la carretera hacia los termales, acabe literalmente a palos con dos perros que me perseguían enfurecidos y rescatado por un coche en el último momento.

Ahora he comenzado una terapia consistente en ir a ver a todas mis amigas con perro, no se puede vivir con miedo.

Los lugares que no visite

El primero fue en Pucallpa, en la selva peruana, allí quería coger una lancha para ir hasta Iquitos navegando cuatro días por un afluente del Amazonas. Llegue al puerto el primer día, subí a la lancha.

Y les pregunte -¿Cuándo salís?- Me dijeron -Mañana, vete al puerto a comprarte una hamaca, un plato y cubiertos y a las 8 de la mañana ven a embarcar-.

Al día siguiente llegue a las 8 de la mañana a la lancha y me dijeron -No tenemos suficiente carga, saldremos mañana, si quieres puedes quedarte a dormir en la lancha, si no vuelve mañana a las 8-.

Durante más de una semana estuve yendo cada mañana, hasta que decidí cambiar mi ruta. Este fue el primer destino que no pude hacer, pero hay mas:

Caño Cristales, cierran el parque natural de diciembre a junio.

Providencia, era muy caro para mi presupuesto, los vuelos y la lancha eran casi 300 €

La ciudad perdida, igual que Providencia, el trekking salia por más de 100 € y yo ya estaba al final de mi viaje.

Pero esta bien que queden lugares por conocer, eso siempre te hace volver.

La Navidad

Quienes me conocen un poco saben que odio bastante la Navidad, pero claro, este año además era especial, lo que me hizo odiarla con más fuerza.

Este año estaba fuera de casa, lejos de mi familia y de mis amigos, cumplía 50 años y era el aniversario de la muerte de mi madre, algo que añadiré a mis próximas Navidades. Esto hizo que mi estado de ánimo fuera zona catastrófica.

En Perú, y creo que en otros países latinoamericanos, tienen la costumbre de comprar o hacer un muñeco y quemarlo en nochevieja. La entrada del año la celebre en casa de mi amigo Mauricio y su familia. Antes de cenar, Olga me dijo que teníamos que hacer nuestros muñecos de Año Nuevo, para hacerlo había traído plastilina, la idea era hacer un muñeco mini y después colocarle una cerilla en la cabeza y prenderle fuego, no quemaríamos el muñeco pero cumpliríamos el ritual y para mi ya valía ¡Saquemos lo malo del año pasado purificándolo! (como os he dicho no estaba muy fino y pierdo la poca racionalidad que tengo).

Estuve todo el tiempo antes de la cena, puliendo el muñeco, quitándole todas las arrugas, haciendo los piececitos, colocándole pelo, definiendo las manos… Un trabajo de orfebrería. Cuando llego la cena deje el muñeco y fui a la mesa, Al acabar de cenar volvimos al sofá a esperar que llegara la medianoche, la idea era subir al terrado y allí hacer el ritual, cuando faltaban 10 minutos e íbamos a subir comencé a buscar el muñeco ¿dónde esta? pánico inmediato, no podre hacer el ritual, me levante para buscarlo por la sala y entonces lo vi, estaba en el sofá, exactamente en el mismo sito que hacia unos segundos había estado mi culo, modelo extraplano de mi figurita salvadora.

En unos minutos recompuse la figura como pude, subí al terrado, le puse la cerilla y a las doce le prendí fuego.

No paso nada, no sentí nada, todo era igual. A partir de esa noche me encontré mejor.

La bici

Las que me conocéis sabéis que una de las cosas que más me gustan es ir en bici, por lo que cuando llegue a un hostal en Filandia, en el eje cafetero de Colombia, y vi que alquilaban bicis pensé ¡A bodas nos convidan! Alquile la bici y salí a recorrer las carreteras de la zona. La bici era un hierro, los cambios iban de aquella manera, los frenos para que contaros, pero yo era feliz, muy feliz, y el paisaje es brutal, entonces decidí que era una gran idea coger el móvil y grabar el paisaje, sin pensar que el asfalto allí está como está, por lo que era lógico que pasara esto.

A partir de aquí, sangre y más sangre, entrar en una escuelita a qué me ayudarán, llamar a alguien para que me llevarán a algún pueblo a curarme… en fin, el resultado, tres puntos en la frente

Y cuatro en el codo

Más las gafas chafadas por un camión, se quedaron en la carretera después del golpe. En definitiva niñas y niños, no seáis tan gilipollas como yo y cojáis el móvil cuando vais en bici, pero sobretodo… id en bici! No hay nada mejor.

Toti

Siempre hay un Toti en todo viaje, da igual que sea en Colombia o en la Alcarria. Es ese personaje que te aparece y te pilla con la guardia baja, y caes, y le contratas un tour haciéndote un papel como este.

Y cuando te pones en marcha te das cuenta que no tiene coche, no te ha pagado la barca, ni el hostal, ni nada, y a partir de hay todo es pelear, enfadarte, cagarte en Toti, y al final lo arreglas, porque no pasa nada, forma parte del viaje y en un momento u otro caerás, todos caemos.

Pero por si acaso, si vais al Cabo de la Vela, pasad de Toti.

La lista

Durante el camino han habido objetos que me han acompañado y no han vuelto conmigo a Barcelona, este es mi “In Memoriam” particular.

(Listado en construccion, no me acuerdo de todo ahora)

Tres pares de zapatos

Un bañador

Tres pares de calcetines

Dos calzoncillos

Una camiseta

Seis auriculares

Unas gafas

Un pantalón

Una pantalla de teléfono móvil

Un cargador de teléfono móvil

El sistema operativo de mi tablet

El asa de mi maleta

Una linterna frontal

A todos los objetos, ropa y aparatos, gracias, de verdad, el viaje no hubiera sido igual sin vosotros. Os recordaré.

Esta es la cara B de mi viaje, quizás sea más dolorosa y menos atractiva que la cara A que habéis visto hasta ahora, pero ha sido igual o más importante.

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